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Internacional

El condenable pasado de Keiko Fujimori ¿Con qué moral ella postula por tercera vez a la presidencia de Perú?

Keiko Fujimori se enfrenta este domingo a su tercer intento por alcanzar la presidencia de Perú y no puede decir que esta vez será la vencida, pues va abajo en los sondeos; ¿por qué ha fallado siempre? Para conocer esa respuesta, o el inicio de ella, hay que remontarse a 1994.

En 1990, su padre, Alberto Fujimori (1990-2000), asume la presidencia. En 1992 cierra el Congreso inconstitucionalmente con ayuda de los militares; en 1993 convoca a una Asamblea Constituyente que redacta una nueva carta magna y en 1994 se separa de su esposa, la entonces primera dama Susana Higuchi, madre de Keiko.

Sin embargo, la separación no fue armoniosa. Higuchi denunció en 1992 que sus cuñados estaban haciendo negocios vendiendo ropa donada a Perú por el Gobierno de Japón. A raíz de esto, Higuchi dijo públicamente que, en represalia, el entonces Servicio de Inteligencia Nacional la secuestró y torturó con electricidad en sus cuarteles de Lima.

Una joven Keiko, de 19 años, a pesar de pedidos ciudadanos de solidaridad con la madre en un país donde esta figura tiene un estatus casi devocional, ocupó el cargo de primera dama junto a su padre.

Fujimori terminó su mandato renunciando a la presidencia en 2000 tras destaparse graves casos de corrupción que, de hecho, terminaron por recluirlo hasta la fecha en un penal de Lima con una condena de 25 años.

EL FACTOR ANTI

En el debate presidencial del 30 de mayo último, el adversario de Keiko en segunda vuelta, Pedro Castillo, de Perú Libre (izquierda), le espetó a la candidata derechista: «Yo no voy a levantar una palanca para electrocutar a mi madre», en alusión a la pasividad que tuvo la hija frente a los maltratos de Higuchi.

Y es que ese gesto original puede entenderse como el primer componente de lo que los analistas suelen llamar «la mochila» que carga Keiko Fujimori, con su pasado vinculado al polémico gobierno de su padre, una gestión que, una vez finalizada, generó un término común en la política local: el antifujimorismo.

Desde entonces, en la segunda vuelta de 2011, enfrentada Keiko al izquierdista Ollanta Humala, el antifujimorismo se activó como fuerza política y social con la misión de bloquear la llegada de otro Fujimori al poder y lo logró, pese a los temores ciudadanos de un Humala entonces relacionado fuertemente al gobierno del expresidente venezolano Hugo Chávez (1999-2013).

En 2016, Fujimori intentó llegar a la presidencia otra vez, alcanzando una segunda vuelta para enfrentarse a Pedro Pablo Kuczynski, un candidato derechista que, políticamente, no estaba lejano al espectro de Keiko.

Sin embargo, nuevamente el antifujimorismo se activó con marchas ciudadanas multitudinarias, buscando lo mismo que en 2011 y lo consiguió: Kuczynski, en un final ajustado, ganó por poco más de 40.000 votos de diferencia.

En este 2021, Keiko lo intenta por tercera vez y otra vez el antifujimorismo se ha activado en la ciudadanía, quizá con menos fuerza por el temor latente frente a una candidatura de corte socialista como la que propone Castillo, pero sigue vivo.

En este caso, habría que apuntar que las resistencias que genera Keiko no son sólo por la herencia paterna pues ella misma ha generado, de manera independiente y como líder del fujimorismo en siglo XXI, sus objeciones genuinas.

ERRORES PROPIOS

En 2016 Keiko no consiguió la presidencia, pero sí una bancada de mayoría notable que marcó uno de los periodos más inestables en Perú con sus pedidos de destitución presidencial contra Kuczynski; éste renunció presionado por el parlamento, y luego en una disputa contra su sucesor, el expresidente Martín Vizcarra (2018-2020), quien, a su vez, fue destituido con el fujimorismo operando para ese propósito.

El panorama para Keiko se vuelve aún más complicado desde que es investigada por la Fiscalía por, presuntamente, dirigir una organización criminal dedicada al lavado de activos tras haber recibido dinero ilícito de Odebrecht para financiar su campaña de 2011.

Este proceso la llevó a cumplir prisión preventiva desde octubre de 2018 hasta abril de 2020 en un penal de Lima, y el caso sigue avanzando hacia la etapa de juicio oral.

Así, con el antifujimorismo más tímido que en otras elecciones ante la alternativa socialista de su oponente Castillo, Keiko sigue abajo en las encuestas y puede que se enfrente a una nueva derrota por el fuerte anti voto que podría capitalizar su rival, o quizás por los errores políticos que nunca calculó desde su juventud, cuando fue la primera dama de un periodo tan oscuro.


(Agencia Sputnik)

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