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El Universal Chile

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Opinión

San Francisco: El olvido de sus Trans

Por, IG psicologocano


Al llegar a San Francisco, Estados Unidos, junto a Mauricio nos recibe una exposición de fotos de inicios de la revuelta homosexual que lideró la comunidad en los años 70. Para un par de Chilenos gais solo era una historia vista en algún documental pasado de voz en voz.  

Las fotos llaman la atención por la fuerza de sus mensajes y la claridad del objetivo de la lucha; Derechos sobre todo derechos. 

Recorriendo la ciudad, la cual envuelve con sus llamativos edificios e insinuantes rincones se observa un ambiente de tolerancia absoluta, cruzando la barrera del respeto, logrando la tan anhelada inclusión.  

En San Francisco, gais y lesbianas junto a heterosexuales recorren las calles, acuden a reuniones en parques y visitan sin inconvenientes los mall o centros comerciales que han logrado abrir a pesar de la pandemia.  

Los perros, hijos adoptivos de la comunidad tienen su espacio reservado en los antes inimaginables lugares; hoteles, aviones, centros comerciales, metros o pequeñas tiendas, no tan solo convocan al colorido consumista sino también utilizan el gancho canil para atrapar al perro de tan distinguido comprador o compradora. 

Mientras recorro sus rincones una pregunta cruza mi mente, ¿donde están?. 

Sigo avanzando y me dejo sorprender por la ciudad, en una ocasión un hombre totalmente desnudo y con un cubre pene se asoma e irrumpe en la escena rosa donde la protagonista era la liquidación, el chocolate caliente y para los latinos una rica michelada preparado por un mexicano homosexual radicado en la tierra de la tolerancia.  

Hombres desnudos había visto mucho y lo que tapaba su pene no lograba llamar mi atención, creo que el invierno trabajo antes en nuestro pequeño exhibicionista.  

Seguía siendo más entretenida la espera de la michelada, la distancia poco se respetaba y el joven mexicano lograba crear un clima latino que entretenía los segundos antes de llegar al barril.  

Mis ojos seguían buscando y mi mente guiaba la pregunta, ¿dónde están? Ahora acompaña de ¡no es posible ver a nadie!. 

Me refería a que todo ese abanico gais y lésbico no contenía ningún rasgo de transexualidad, traba, travesti o una identidad fuera del paraguas higiénico del machismo patriarcal que sirve para gais y lesbianas. Pareciera ser que la lucha feminista y anti patriarcal no llegaba a las calles de San Francisco y como una fotografía de los años 70, las marginadas seguían siendo las mismas, sus voces sedientas de justicia solo sirven para un buen documental local. Me gustaría culpar a la pandemia pero la verdad mi cuerpo se enteraba de ella solo por noticias. Con Mauricio las calles y rincones eran recorrido como una jornada de toros de San Fermin, esperando que alguna manada local haga lo suyo y nosotros por supuesto hacer lo nuestro. Sabíamos que ninguno llegaría con alguna alitas rota o un taco doblado. De noches y de fiestas nos habíamos entrenado después de tantos viajes.  

¿Donde están?, recorrí San Francisco y no vimos a nadie, al parecer la maldición gitana que pesa sobre las trans solo las hace aparecer frente a la seguridad del deseo sexual. Donde están quienes se pasearon por América y Europa arengando el derecho LGTBIQ. 

En un documental leo como pregunta «que paso con la T» y si, LGTBIQ tiene una T, que representa un escenario de vulnerabilidad, donde la mejor actuación es correr para salvar la vida, me pregunto que hizo San Francisco para desaparecer a esas mujeres que en suelo indígena seria señal de vida y espiritualidad.  

Las trans no estaban, los colores del homosexual higienizado habían corrido su barrera, no eran el recuerdo de la fotografía que debía salir del país. La heteronomía es mundial y son un peligro aún en la tierra de la libertad, la tolerancia y la inclusión. 

Desde mi trinchera no me puedo sentir culpable de mi expresión sexual ni tampoco de mis privilegios, sin embargo tampoco puedo avanzar sin recordar que la T tiene un sentido, un valor, un cuerpo y rostro que dio la batalla en San Francisco y que hoy no está.  

Una foto en blanco y negro, donde lesbianas y gais levantan banderas de lucha y luego regresan a casa, mientras las que resguardan y protegen la fila se quedan como cuerpos para la policía o el mar.  

Sin trans, haciendo sonar sus tacos y joyas, la lucha por la inclusión avanza en silencio, rescatando privilegios y beneficios que callan nombres e identidades.  

Tenemos mucho que aprender de Estados Unidos y una de las cosas es saber lo que no se debe hacer.  

En memorias a las compañeras trans que solo miraron el jardín pero jamás lo decoraron.  


José Luis Díaz.

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