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Igor

Opinión

VIVIENDO LIBRE, HOMICIDA Y PRÓFUGO

Amado amante, no te temo. No tengo miedo. Muero en tus brazos, por tu brutalidad, un crimen que no describo, explico ni entiendo.  


Estimado director:  

Es otro día, no logro aclarar del todo mis ideas. Una muchacha de veintidós, estudiante de obstetricia, con una vida llena de luz, brillo y sueños… Se desvanece por culpa de alguien que aún no tenemos potestad de culpar pero que, para nuestros adentros, es culpable, responsable y no hay siquiera castigo para lo causado. Hoy está oculto, prófugo, escondido detrás de mil paredes para jamás ser encontrado.  

Hay tantas cosas que me pregunto; ¿Cómo vivió tanto tiempo en este país sin ser siquiera cuestionado del cómo y por qué estaba en nuestro país? ¿Es que el sistema nuevamente falló en contra de la Seguridad Nacional o simplemente fue una casualidad? No lo creo. Deben ser miles, tantos como él, tantos como Igor González, el que hoy es buscado de manera desesperada por todos nosotros, civiles que tienen ganas de que lo atrapen, que se haga justicia y se castigue de forma justa o al menos, en algún grado por lo que hizo de forma tan cruel, miserable y monstruosa, como lo es… Quitar una vida, la vida número cincuenta y cinco, la vida de María Isabel.  

La historia tiene muchas curvaturas, ninguna relevante hoy. Tiene muchos cuestionamientos que la verdad, hoy no sirven de nada, preguntas que ya ni siquiera importa responder.  

¿Cómo puede ser más importante responder cosas tan burdas como lo es una identidad sexual cuando el sujeto en cuestión es el más buscado del país por un millón de factores, pero el más importante, como lo es ser un homicida, pero no cualquiera, un feminicida que hoy se presume culpable y que se espera prontamente sea declarado culpable?  

El enfoque siempre es errado, que la víctima es la culpable, que la víctima se lo buscó, que la víctima estaba vestida de alguna manera poco adecuada según la perspectiva de los más protocolares, que quizás le gritó, lo hizo enojar, lo provocó. ¿Por qué no cambiar la visión y darnos cuenta de que la única culpa es la que proviene desde quien de forma violenta arrebata, quita y se cree con el poder suficiente para asesinar a sangre fría a alguien que decía amar?  

María Isabel no fue culpable, nunca lo será. María Isabel no causó su muerte. María Isabel no lo buscó.  

Ella simplemente fue víctima de la bestia interna de alguien que se jactó de ser persona y hoy solo es un prófugo más, el más buscado. El que, sin darse cuenta, se llamó a si mismo culpable, simplemente por ocultarse.  

El que nada hace, nada teme. ¿O no era así el dicho? Y es así, como Igor González, que incluso me atrevo a dudar de su supuesta identidad, se calificó a sí mismo con tan ardua escapatoria que espero de corazón tenga fin, pero… Le pregunto yo, ¿Por qué seguir con el patrón culposo de la víctima y no empezar a mirar más allá y darse cuenta de que las mujeres no buscan morir? Las mujeres no salen buscando la muerte, no vuelven a casa para morir a manos de sus esposos, amantes, parejas. Si no, apelan a la fortuna del amor, que les profesan, que creen y que aquellos psicópatas con mentalidad asesina aprovechan para acabar con la mujer que tiempo atrás dijeron amar, querer o simplemente sentir atracción.  

Amar es más difícil que matar y al parecer, a ellos… Les queda bien aquella oración tan fatal y poco tradicional.  


Daniela Adonis I.
Estudiante de Periodismo, Universidad Santo Tomás.  

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