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Nacional

#CasoQuemados: A 35 años desde que el Ejército de Chile quemó vivos a Rodrigo Rojas De Negri y Carmen Gloria Quintana

Fue uno de los hechos más horrorosos cometidos durante la dictadura de Augusto Pinochet, perpetrados por las más cobardes hienas que hasta el día de hoy siguen en la más completa impunidad.

Los hechos ocurrieron a las ocho de la mañana del 2 de julio de 1986, Rodrigo Rojas De Negri caminaba junto a un grupo de jóvenes por una calle de la comuna.

Verónica De Negri en 1976 fue trasladada al campo de concentración de Tres Alamos. Allí permaneció más de un año, sufriendo las más hasta que fue expulsada del país y logró refugiarse en Estados Unidos, donde se reunió con sus dos hijos.

En medio de planes, postergados una y otra vez por la negativa chilena para que su madre retornara al país, Rodrigo nunca se insertó plenamente en la sociedad norteamericana. Y tampoco tenía madurez para comprender lo que ocurría en su tierra de origen. Vivió un tránsito indefinido, igual que tantos otros, entre una realidad que sentía ajena y otra que, sabiéndola suya, sólo percibía por señales lejanas.

Desarrolló un sentimiento casi obsesivo ante esa realidad que escapaba de sus manos. Buscaba ansioso la literatura latinoamericana, tocaba charango en un grupo de música andina, participaba en actividades de solidaridad, todo en los días en que jóvenes de todo el mundo tenían en el rabillo del ojo las victorias sandinistas en Nicaragua, las hazañas del Frente Farabundo Martí en El Salvador y la lucha del pueblo chileno contra la dictadura. Sin importar las diferencias de idioma, esos jóvenes sentían que, allá lejos, se gestaba la posibilidad de una sociedad más justa, digna y democrática. Y no querían permanecer ajenos.

Foto: Marcelo Montecino

En Washington, Rodrigo vendía material fotográficos, para ir construyendo su propio equipo. El azar le permitió encontrarse mucho antes con la magia de la imagen atrapada. Cuando niño, en casa de una tía conoció a un joven que le enseñó a revelar la realidad desde el cuarto oscuro y hacerla perenne, en una relación entrañable. Le contó que lo hacía por hobby. Años más tarde, supo que el ídolo de su niñez era militante del MIR, se enteró de su verdadero nombre y de que había sido detenido en un gran operativo, un día cualquiera, en una calle de Santiago.

Rodrigo amaba a América Latina. Su exilio lo vivió entre latinos. Soñaba con ir a Nicaragua, pero no quería hacerlo como turista. Su timidez le impedía llegar hasta esas tierras como norteamericano, o hacer uso de sus contactos personales. No quería ser considerado en forma especial y prefería obtener su propio espacio recurriendo a sus propios méritos.

Cuando cumplió 19 años, en marzo del ’86, ya contaba con los mínimos recursos para tomar rumbo a Chile. Reunió sus pequeños recuerdos y otras pertenencias en una pequeña maleta, y en su bolso fotográfico metió sus dos cámaras y cuantos otros materiales le fue posible. Traía un boleto hasta Lima, esperaba llegar hasta Machu Pichu, pero la ansiedad era más fuerte. Visitó a su abuelo en Arica y continuó por tierra hasta Santiago.

«¡Qué lindo es mi país, la gente, todo. Esto, mamá, es distinto a todo, pero tal como lo soñé, se le escuchó decir, días más tarde, por el teléfono de su casa en Washington. La voz le había cambiado.

El joven Rodrigo soñaba con formalizar en Chile su militancia en las Juventudes Comunistas y conquistar el derecho de sumarse, en esa condición, a la lucha del pueblo sandinista en Nicaragua, pero también quería continuar sus estudios en su país natal.

En el intertanto, Rodrigo Rojas se integró a las actividades de los estudiantes de la facultad de Medicina Norte y de la Universidad de Santiago. Junto a ellos participó en movilizaciones y tomó fotografías. Con ellas planeaba publicar un libro en Estados Unidos, donde se difundiera un nuevo enfoque de esta realidad cotidiana.

Reprochaba que la lucha contra la dictadura se había quedado en las representaciones grises, que había que buscar más el color, la emoción del primer plano, su cámara fotográfica: la vida.

El 01 de julio, un día antes de ocurridos los horrendos hechos que truncaría la vida de Rodrigo, se trasladó junto a los estudiantes de la USACH hasta la comuna de Estación Central. Allí realizaron actividades recreativas con los niños y compartieron con los pobladores, que hacían los preparativos para el día siguiente. Se encontró además, con Carmen Gloria Quintana.

Al día siguiente, un fatídico 02 de julio de 1986, Rodrigo y Carmen Gloria  fueron apresados y brutalmente golpeados con las culatas de los fusiles. Sus captores, luego de reducirlos completamente, los tendieron en el suelo, los rociaron con combustible e hicieron arder como piras humanas.

El teniente Sergio Fernández Dittus, jefe de la patrulla militar, ordenó que los cuerpos humeantes fueran cubiertos con frazadas y subidos a uno de sus vehículos. Horas más tarde, fueron lanzados en una acequia de las afueras de Santiago, en el sector rural de Quilicura.

En esos momentos, su madre Verónica De Negri se enteraba de los horrendos hechos cometidos contra su hijo, y como pudo se quedó con su hijo en condiciones de salud paupérrimas, irreconocible. Verónica acariciaba sus pies. Finalmente, después de 4 días de agonía, no pudo resistir más, el joven Rodrigo murió quemado el día 6 de julio de 1986.

Carmen Gloria Quintana, la mujer que fue quemada por una patrulla de Pinochet

Carmen Gloria Quintana nació el 3 de octubre de 1967. Estudiaba en la Universidad de Santiago de Chile cuando, mientras participaba en una manifestación, en el marco del Paro Nacional del 2 de julio de 1986, fue detenida y posteriormente quemada viva, junto al fotógrafo Rodrigo Rojas De Negri, por una patrulla de militares. Ella sobrevivió a tan brutal crimen, con el 65% de su cuerpo quemado, mientras él fallecía cuatro días más tarde.

Luego de una extensa recuperación, que inició en Chile pero concluyó en Canadá, y que significó más de 40 operaciones, Carmen Gloria Quintana comenzó a entregar su testimonio por el mundo, reuniéndose con autoridades, a través de entrevistas a diarios, revistas y canales de televisión, denunciando desde su experiencia las violaciones a los derechos humanos que se cometían durante el período de dictadura. Del mismo modo, ha buscado incansablemente justicia para ella y para Rodrigo Rojas De Negri, participando incluso como testigo en el juicio contra Pinochet en España.

En enero de 1987, comparte su testimonio en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Ginebra, entidad que condena las violaciones flagrantes contra los derechos humanos de la dictadura militar. Ese mismo año, tuvo un encuentro con el líder de la Iglesia Católica, el Papa Juan Pablo II, en el marco de su visita oficial a Chile, a quien también denunció el crimen del que había sido víctima.

De retorno en Chile, participa activamente de la campaña del NO, para el Plebiscito de 1988. Y junto con continuar su labor de denuncia, comienza a estudiar la carrera de Psicología, realizando su tesis de licenciatura sobre el tema “Procesos psicológicos de duelo en las esposas de detenidos desaparecidos en Chile”, y titulándose en el año 2000. Posteriormente, realiza un Magíster en Psicología Clínica en la Universidad Católica de Chile, estudia un doctorado en Psicología en la Universidad de Chile y el año 2010 comienza un doctorado en la Universidad de Montreal, en Canadá.

Carmen Gloria Quintana se convirtió en vocera de las víctimas de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Con su valiente testimonio, permitió que la comunidad internacional conociera los crímenes que, como ella, otras personas estaban sufriendo en carne propia.

Illapu-Para seguir viviendo

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