[COLUMNA] Pobres ¿y flojos?

Opinión 13 de abril de 2019 Por
"Pasó por un kiosco de diarios, donde alguien atiende, alguien que estuvo en las agencias a primera hora para adquirir los diarios y revistas que usted compra. En las agencias trabajan varias personas".
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Usted sale en la mañana.

Las calles están limpias, las líneas blancas que separan cada pista de la calle están pintadas.
Alguien barrió y otros pintaron.

Su plaza tiene arbolitos, alguien los riega, los poda.

Va a comprar pan, a las 8 a.m. la panadería está abierta, hay gente atendiendo, varios trabajaron durante la noche haciendo la masa y horneando el pan.

Va al supermercado, las góndolas ya tienen mercadería ordenada, y está lleno de jóvenes reponiendo lo que otros compraron.

Mientras usted elige lo que llevará a su casa, algunas personas repasan el suelo del supermercado para que esté limpio; va a la caja, allí le atiende otra persona, y un chico le ayuda a embolsar lo que compró.

Hay guardias de seguridad, y en el estacionamiento otros se pasean cuidando los autos.

Usted compró algo de pescado, no del congelado, del que venden en el sector Pescadería. De ese que los pescadores artesanales capturaron durante la noche, y que a las 5 a.m. están cargando en camiones para llevarlos al mercado o los supermercados. Gente carga y descarga estos camiones, limpia el pescado, lo pone en frío.

Usted compró verduras, esas que obreros del campo sembraron.

Antes debieron arar la tierra, fertilizarla, poner la semilla, preocuparse del riego. Prender fogatas cuando hay heladas, fumigar a costa de su salud, para evitar plagas, luego sacarlas de la mata, meter en cajones y volver a cargar camiones. Trabajan durante el día y la noche.

Compra leche: para que usted disponga de ella, decenas de obreros se encargan de manejar decenas de máquinas, día y noche.

Compró carne, que se faenó, cortó, puso en bandejas, después de descargar varios camiones.

Después de eso, cuando subió a su auto, uso su teléfono, el mismo que llegó por barco a algún puerto de Chile, donde cientos de trabajadores portuarios trabajaron para que el teléfono llegara a otro camión que lo trajo al lugar donde usted lo compró y donde un vendedor lo atendió.

Lleva a su pequeño hijo a un jardín infantil, donde lo recibe una asistente de párvulos.

Luego se fue a su casa o a su trabajo.

En el camino pasó por el lado de decenas de paraderos llenos con cientos de personas que van a su trabajo en alguna micro que maneja un chófer.

O se fue en Metro, donde había gente atendiendo la boletería, guardias de azul, gente limpiando el piso y alguien en la cabina del tren.

La mayoría de la gente adulta en el andén, en horario peak va a trabajar.

Pasó por un kiosco de diarios, donde alguien atiende, alguien que estuvo en las agencias a primera hora para adquirir los diarios y revistas que usted compra. En las agencias trabajan varias personas.

Se compró un quequito, que alguien hizo y llevó hasta allá.

Y mientras camina se dice a sí mismo: “En este país la gente es pobre porque es floja. Nadie trabaja en Chile”.
Esto piensa el 41% de los chilenos, según la encuesta CEP.

Un 41% de personas, que como usted, no ven a las trabajadoras y trabajadores de Chile, a aquellos que trabajan 10 o más horas diarias, viven con el sueldo mínimo y siguen siendo pobres. Y que hacen todo lo que usted no sabe, no quiere o no puede hacer.

No, señor, usted está equivocado. En Chile no tenemos un 50% de flojos: tenemos un 41% de imbéciles.

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