Entrevista a Ximena Yáñez Muñoz, feminismo, carbón y fuerza: La nueva política tiene rostro de mujer

Entrevistas 22 de agosto de 2019 Por
El psicólogo José Luis Díaz entrevista a Ximena Yáñez Muñoz: Lotina y feminista. Una mujer que muy prontamente la veremos en la arena política.
Ximena Yáñez Muñoz entrevista CANO portada
Ximena Yáñez Muñoz - Cedida

- Antes de comenzar Ximena, me gustaría que te presentaras.

Mi nombre es Ximena Yáñez Muñoz, soy lotina y penquista de alma, y Santiaguina de facto. Vegana y feminista. Estoy escribiendo mi tesis de doctorado en políticas públicas que cursé en Córdoba, Argentina. Comencé a militar en el Partido Poder Ciudadano (ahora Partido Comunes) desde hace poco más de un año y medio.

Antes en el colegio y la Universidad participé activamente de los procesos de dinamización social que brindaba la lucha por la educación: fui presidenta de mi colegio, y parte del centro de estudiantes en mi facultad. Participé de las movilizaciones de 2006 y 2011, y he trabajado en temas como la memoria histórica, las energías renovables no convencionales y el desarrollo económico local. Dentro del partido soy encargada del Frente Economías, espacio donde damos la lucha por visibilizar otros modos posibles, que rompan con la lógica del modo de producción capitalista. Creo en la emancipación e integración de los Pueblos Latinoamericanos, pues no podemos dar las luchas que como pueblos nos hermanan e identifican de forma aislada.

He trabajado con distintas comunidades a lo largo del país, desde Arica a la Araucanía, y por ello he tenido el privilegio de conocer con profundidad y cercanía conflictos que asolan a nuestro pueblo.

Ximena Yáñez Muñoz entrevista CANO
Ximena Yáñez Muñoz
Foto: Cedida

Ximena, Hoy la política se ha tomado distintos espacios, por el ejemplo el feminismo vuelve a politizar los cuerpos, haciéndonos ver la desigualdad social que enfrentamos nosotros como minorías sexuales y las mujeres en tanto sujetas de derechos. Cuéntame, ¿Cuál es tu opinión al respecto, desde que vereda del feminismo te paras?

Creo que el politizar los espacios es una cuestión relevante, y necesaria. Nuestra historia es despolitizadora, y criminalizadora de la lucha social, lo que en la actualidad nos tiene como un país cuya capacidad de movilización política y social se ve en escasos momentos, en luchas que dinamizan la sociedad pero que escasamente alcanzan a articular un nuevo estado político donde como sociedad tengamos una voz más presente, y que cada cosa no nos cueste tanto. Me parece que el feminismo, como proyecto emancipador, y como promotor de esta politización resulta fundamental. Mi visión del feminismo tiene que ver con la interseccionalidad, creo que las opresiones que vivimos dependen de muchas desigualdades que no solo se sintetizan en el género, o en las identidades feminizadas. Creo en el feminismo que busca comprender y abordar distintos temas, como las identidades diversas, las desigualdades de clase, étnicas, raciales, nacionales o regionales, por nombrar algunas. Creo que la lucha del feminismo debe ser anticapitalista y antipatriarcal. La lucha por la emancipación no puede descansar en las opresiones de otras compañeras, mira, como en el ejemplo que pone Nancy Fraser relata en una crítica al feminismo blanco, y de las clases medias: reflexiona en torno a cómo las mujeres blancas de clases privilegiadas efectivamente podían acceder a cargos de representación y puestos gerenciales en empresas, pero siempre descansando en el trabajo doméstico precarizado de otras mujeres de clases populares. Esa reflexión que ella elabora a partir de su propia historia es la que también define mi postura: No podemos pensar en la emancipación de unas sobre la opresión de otrxs.

¿Cómo llegaste a la política y cuáles son las principales barreras que te ha tocado vivir?

Llegué a la política porque era natural que así fuera, por mi historia familiar ya que mis padres y sus familias siempre han sido personas politizadas, y que sufrieron en carne propia y en la cercanía de la comunidad próxima los horrores de la dictadura. Mi herencia viene de las minas del Carbón, en Lota, y de la planta de Huachipato, en Talcahuano. De la historia de Lota, me acuerdo como si fuera ayer de la lucha del período de la reconversión, cuando ocurrió finalmente el cierre de las minas. El sufrimiento de las familias, nuestras familias y nuestra comunidad… Ahí, en esa coyuntura, de los viajes de los mineros a Santiago para pedir condiciones justas de cierre, recuerdo a mi familia, parte de los sindicatos siendo apresados y golpeados por Carabineros. De esa lucha, el sabor amargo de saber que Lota resultó un espacio propicio para instalación de peluquerías y servicios de taxis, pero poco y nada que recogiera las luchas del pueblo minero. O con alternativas reales de desarrollo económico local, o que siquiera vieran a la comunidad como destinataria de un futuro, algún futuro mejor. Ese despojo identitario fue el motor inicial para darle sentido a mi entrada a la política. La insensibilidad del estado ante el pueblo que sufre, esa insensibilidad que sigue presente hasta estos días… Fíjate que en enero pasado se quemó la casa de mi abuela en Lota, y ahora, agosto, siete meses después no han sido capaces de entregarle ni siquiera un subsidio de emergencia. Esto que te cuento, que sigue siendo lucha viva, lo reafirma. Sabernos pueblo, pueblo no escuchado, pueblo aplastado por las decisiones de burócratas que en CORFO decidieron que ese era el destino de la comunidad, me hace sentir la necesidad de incidir en este espacio, porque eso, eso que nos pasó, eso no nos puede volver a pasar. Pero bueno, eso. Entré formalmente en este cuento cuando fui presidenta de mi colegio, y luego, en la U cuando hice parte del centro de estudiantes, y seguí involucrada siempre desde la izquierda y en el voluntariado. Estuve en las luchas de 2006 durante mi paso por el pregrado, y en la lucha por la educación gratuita del movimiento de 2011 mientras cursaba la maestría. Las barreras que me ha tocado vivir tienen que ver principalmente con el tema asociado al género, cuando eres mujer, y te presentas a conversar, partes con el juicio que hacen las estructuras solo por el hecho de presentarte. El escenario de la política es un campo tremendamente masculinizado. A nosotras nos juzgan dos, tres veces más que a los hombres. Esa sensación de estar en reuniones, de explicar puntos, para que luego los explique el compañero y que se le encuentre razón a él y hasta se le felicite por su idea, el llamado “Mansplanning” es desmotivante e inclusive llega a representar una barrera a la hora de legitimarte.

La frase; “democracia en la calle y en la casa”, la cual tenía peso y fondo político importante hace 20 años atrás, ¿Cómo la escuchas hoy?

Democracia en la calle, en la casa y en la cama me parece una consigna tremendamente vigente. Hoy en día, en términos de cargos de representación, si bien la ley de cuotas de género ha significado avances para la incorporación de mujeres en cargos de representación en el congreso, que entre 2013 y 2017 se más que duplicó, llegando a un 41.4%, estos avances abren nuevos desafíos, como el caso de financiamiento de campañas; ya que, la distribución de aportes de privados a campañas de hombres al congreso casi triplicó el aporte de hecho a las campañas de mujeres, y ahí, se ve como los partidos avanzan en términos de posicionar mujeres: siempre a regañadientes, integrándolas por obligación, sin priorizarlas con recursos asociados, privilegiando a los hombres una vez más. En la democracia de la casa, bueno, las mujeres dedicamos en promedio tres horas y media más que los hombres al trabajo no remunerado, según las estadísticas del uso del tiempo, y además de las mujeres chilenas solo un 48,5% hacen parte del mercado laboral, estadística que se compara con países de cultura islámica; mientras que en países desarrollados el promedio es de un 61%, además, cuando trabajamos, nuestros sueldos promedian un 31,7% menos que los de los hombres, fíjate que en las últimas estadísticas de desempleo, las mujeres llegamos a un 7.7%, mientras que los hombres un 6.7%. Esta situación da cuenta de que, al menos en términos formales, las mujeres seguimos siendo vistas como aquellas encargadas de las tareas del hogar, del cuidado y del mantenimiento de las condiciones para la vida, independientemente de si nos dedicamos a trabajar remuneradamente o no, y por eso, se nos sigue dificultando el ingreso al mundo laboral en condiciones democráticas, y nuestra permanencia siempre es más débil que la de los hombres. Y en relación con la democracia en la cama, aún estamos luchando por acceder a nuestros derechos sexuales y reproductivos de manera plena ¡¡si en los consultorios no te entregan condones femeninos!! Además, anda a tratar de comprar algunos en las farmacias, ese es un desafío de marca mayor. Además, seguimos en la lucha por el aborto legal, libre, seguro y gratuito, para que todas podamos acceder a decidir sobre nuestras propias cuerpos. Este escenario da cuenta de las condiciones para nada democráticas con las que estamos lidiando las mujeres hasta nuestros días, y por eso, exigir democracia en todos los planos, sigue siendo una consigna más que vigente.

Ser mujer en política aún sigue siendo un desafío. Desde ahí se comprende la ley de cuotas, financiamientos para encuentros de mujeres etc., ¿Dónde están las mujeres políticas que uno ve en las juntas de vecinos o en las marchas, sientes que los partidos no han logrado llamar su atención?

Las mujeres del mundo popular siguen estando donde siempre han estado, en la lucha diaria por la sobrevivencia de ellas, de sus familias, de sus comunidades; dándole vida a los espacios barriales, apoyándose entre ellas para sortear los desafíos del sistema Neoliberal. El mundo de la política, esa de la que hablamos antes, poco ha logrado permear esos espacios, y ese escaso permeo tiene que ver no sólo con el hablar utilizando códigos distintos, sino que también con que muchas veces las acciones partidarias son poco compatibles con el rol histórico de la mujer latinoamericana, relacionado con el cuidado de las familias, el mantenimiento de las tradiciones, el apoyo en las labores domésticas. En esas condiciones, cuando sistémicamente no hay apoyos para comprender y comprometerse con las responsabilidades del trabajo feminizado, es que entonces el acercar a las mujeres populares a la política sigue siendo poco más que una consigna.

¿Te acomoda la triada en la foto, cuando la vemos solo en la foto?

Me parece que el espacio de la Triada en la fotografía, esa obligatoria para el cumplimiento de la ley de cuotas, es insuficiente. Muchas veces no sólo es visto en el tema de género, si no que para la incorporación de cualquier personaje distinto a lo que representa el privilegio: ya sabes, el hombre blanco heterosexual cisgénero. Me ha tocado ver este tema mucho en el uso de la imagen folclorizada de las personas que hacen parte de los pueblos originarios, o primeras naciones, así como la clásica foto acompañándose de la “señora Juanita”, que ahora, es candidata a la sombra del compañero privilegiado por los partidos, al que en promedio le ponen tres veces más recursos privados para su campaña que a la compañera, o de plano no le ponen recursos, más allá de los aportes provistos por el Estado mediante la ley electoral. Si no hay incorporación real, si la agenda feminista no hace parte de las definiciones de esas triadas, de esas candidaturas, la figura me parece como la de la utilización de la compañera.

¿Cuál es tu visión de la política actual?

Para mí, la política es una práctica cotidiana, y en este sentido todas nuestras acciones lo son. Por eso, el epítome de esto es la forma en la que nos relacionamos, en la forma en cómo interactuamos una a una, o una con el colectivo; y de esta manera cómo vamos construyendo fuerza política sumando estas relaciones, o esta voluntad colectiva y popular. Mi visión política tiene que ver con la mirada del mundo popular, desde la perspectiva de los aprendizajes obtenidos de la práctica de la educación popular, me quedo con el planteo de que las relaciones sociales, es decir, la expresión práctica de la política, deben estar enfocadas a la construcción colectiva, la colaboración sobre la competencia, y en eso baso mi actuar político, en el respeto sobre la construcción de estas voluntades colectivas, entendiendo que el valor político está en el ser capaces de poner esta construcción sobre cualquier otra variable. No creo que las personas que estamos visibilizando proyectos políticos debamos ser personas con “gente atrás”, si no que la validación se da por tenernos a los lados, como compañeras, compañeros y compañeres, que son quienes hacen el ejercicio político necesario, que, de no ser por esta construcción de voluntad colectiva, se trata de un ejercicio vacío, que sólo busca acumular para la imagen individual. Creo en la política que ve al mundo popular como capaz de instruirse y plantearse políticamente, creo en los vínculos reflexivos donde seamos nosotros quienes colectivamente nutramos al partido de la necesidad de acción. Profundamente difiero de la visión diletantista del pueblo, nosotras, nosotros, nosotres. No considero que por ser pueblo seamos seres carentes de reflexividad, o llamados al caudillismo de manera irreflexiva. Nosotras, nosotros, nosotres, en palabras de Gramsci, no podemos tomarnos el privilegio de la ignorancia, a diferencia de la burgués.

Ximena Yáñez Muñoz entrevista CANO 2
Ximena Yáñez Muñoz
Foto: Cedida

Si tuvieras que tomar una bandera y solo una, tienes la bandera LGTBI, la bandera feminista y la bandera de los derechos humanos, ¿Cuál tomas?

¡Esa es una pregunta difícil! Pero creo que voy a responder desde cómo miro el mundo, y lo que me ha definido. Tomaría la bandera del feminismo, ya que como comenté anteriormente, el feminismo debe ser interseccional. Así, las luchas por los derechos humanos hacen parte de las luchas con las que las mujeres cargamos mayoritariamente… Las asociaciones de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos están conformadas mayoritariamente por las mujeres, mujeres que se resisten a olvidar y buscan guardar memoria de lo que fueron los horrores de la dictadura, y que buscan que nos relaciones de otro modo, eliminando a la violencia como parte fundamental de la estructura del sistema. En los conflictos armados, las mujeres muchas veces son tomadas como botines de guerra, con la herramienta de la violación como forma de reafirmar la conquista de los territorios de los hombres conquistadores. Al luchar contra esas expresiones de violencia sistémica, estamos también abogando por otra forma de construir mundo y política. Me parece además que, además el feminismo debe ser inclusivo y solidario con las luchas que vayan contra el patriarcado, y así, las luchas del movimiento LGBTIQ son luchas hermanas, y que como feministas debemos acompañar y apoyar, pero no cooptar apropiándonos de ellas, en fin, por eso el feminismo, reconociéndome en eso también como mujer cisgénero.

¿Cómo evalúas las políticas que tienen el objetivo de proteger a la mujer?

Uff, tremendo tema. Mi respuesta en esta línea es simple, evalúo a estas políticas como poco eficaces, ya que este año seguimos con 44 feminicidios consumados. Las policías siguen sin protegernos de los agresores, muchas de las compañeras asesinadas tenían denuncias puestas sobre quienes luego fueron sus femicidas. Mientras no se coordinen las agencias de gobierno de manera eficaz, es difícil que estas políticas funcionen de manera adecuada. Es necesario entender que los círculos de violencia a los que estamos sometidas las mujeres no sólo tienen que ver con la violencia física, que es el último eslabón de la cadena de violencia, si no que tienen que ver con violencia económica y simbólica, entre otras. Mientras no se generen planes consistentes que aborden estas materias de manera integral, no va a ser posible evaluar positivamente estas políticas. El patriarcado es un sistema complejo configurado de tal manera en que la violencia hace parte de la estructura del Sistema, en palabras de Rita Segato, la violencia actúa como la argamasa que sostiene las jerarquías del sistema, como un conjunto de normas que, legitimadas por la costumbre mantienen la estructura del sistema opresivo. Naturalmente, la eficiencia de estas políticas está sujeta a la deconstrucción de estas estructuras, una lucha de más largo aliento, y diversa también, entre patriarcados de alta y baja intensidad. Para ello, creo que es necesario pensar en estrategias de políticas que busquen educar en el feminismo, en un cambio de las lógicas competitivas por aquellas lógicas cooperativas, donde el romper con la lógica de la jerarquía violenta sea el horizonte, puede representar una alternativa.

¿Tenemos como sociedad una deuda con la mujer o con el género?

¡Sí! Como sociedad la tenemos. Sobre todo, con las mujeres pobres, racializadas, el mundo LGBTIQ, con ellas, con las mujeres, y con las identidades feminizadas, tenemos una tremenda deuda, pero es tarea de todes avanzar hacia saldar esta situación, a construir voluntad colectiva para a avanzar a la sociedad hacia ese punto, y, sobre todo, poniendo el esfuerzo necesario para saldar esta deuda. Por eso, se me hacen necesarias las palabras de Gabriela Mistral que hace un tiempo me recordara una querida compañera de Quilicura, doña Cynthia Morales: "Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú, donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú, donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú".


Gracias Ximena.

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