#CasoQuemados: 2 de julio de 1986, el horrendo crimen en contra de Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana

Sociedad 02 de julio de 2019 Por
Un día como hoy, 2 de julio de 1986, hace 33 años de ocurrido uno de los crímenes más salvajes cometidos durante la dictadura de Pinochet. Se trata del caso de Rodrigo Rojas de Negri, estudiante de 19 años de edad que residía en Washington y se encontraba de visita en Chile. Y de la joven Carmen Gloria Quintana, estudiante de 18 años de edad. El joven Rodrigo murió, quemado.
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Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri - Foto: Marcelo Montecino

Ocurrió un día triste y gris, en el que cambió para siempre la historia de dos familias y su lucha por la verdad y justicia.


El 2 de julio de 1986, alrededor de las 08:00 horas de la mañana, Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana, fueron capturados por una patrulla del Ejército en las proximidades de un lugar en el cual habían elementos como para construir una barricada, ambos fueron golpeados duramente por el personal militar, rociados con líquido inflamable, incendiados, envueltos en frazadas y abandonados.

Rodrigo Rojas murió el 6 de julio siguiente, como consecuencia de las quemaduras recibidas. Las torturas previas que recibió, presentaba quebraduras de costillas y de la mandíbula; Carmen Gloria Quintana permaneció internada en grave estado, también por causa de las quemaduras, vejada, golpeada, humillada, con diversas quebradas varias piezas dentales. Las marcas físicas de aquella joven, con toda una vida por delante, siguen presentes en todo su rostro y su cuerpo.

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Rodrigo Rojas de Negri

Los hechos

La mañana del 2 de julio de 1986, la estudiante de ingeniería eléctrica de la Universidad de Santiago (Usach), Carmen Gloria Quintana participó de una barricada en Estación Central, como parte de las actividades que comprendían la jornada de paro nacional en contra del régimen de Augusto Pinochet. 

La joven de 18 años había conocido hace tres días al fotógrafo, Rodrigo Rojas De Negri, de 19 años, quien había regresado dos meses antes al país tras permanecer exiliado en Estados Unidos.

Según contó Quintana en una entrevista con la cadena BBC, esa mañana ella tenía la intención de asistir a una marcha hacia la Usach. Sin embargo, en el camino se encontró con unos vecinos, Rodrigo Rojas y unos jóvenes que iban a hacer la barricada y les pidieron ayuda. 

En el camino una camioneta militar se les acercó. Todos los militares a bordo, según relató, usaban maquillaje y uniforme de camuflaje. Como tuvieron miedo, dejaron los neumáticos botados y arrancaron en distintas direcciones. Sin embargo, ella y el fotógrafo tomaron el mismo camino.

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Carmen Gloria Quintana



“A Rodrigo lo patearon en el suelo. A mí me tomaron, me revisaron por todas partes, me pusieron contra la pared. Me preguntaron qué andaba haciendo, les dije que iba a estudiar a la universidad. Me revisaron los documentos y me los quitaron”, señaló.

La patrulla estaba comandada por el entonces teniente Pedro Fernández Dittus, quien toma un bidón de bencina y le comienza a echar encima de la cabeza de Quintana, que estaba contra la pared. Mientras a Rojas lo rocía completamente porque estaba tendido en el suelo.

“Repentinamente ellos nos tiran un aparato incendiario que explota y yo me convierto en una antorcha humana. Y Rodrigo también”, añadió.

Según la versión oficial del régimen, cuando Quintana y Rojas fueron detenidos, algunas de las bombas molotov que llevaban se rompieron y explotaron, prendiéndoles fuego accidentalmente.

Fernández  ordenó que los cuerpos humeantes fueran cubiertos con frazadas y subidos a uno de sus vehículos. Horas más tarde, fueron lanzados en una acequia en Quilicura. “Despierto cuando nos están tirando en una zanja en el campo donde corre el agua, pero estaba seca. Rodrigo me empieza a mover para que despierte. Nos levantamos y lo miro: tenía toda su cara negra, le faltaba la mitad del pelo. Me empiezo a mirar y veo toda mi ropa oscura y mis manos negras. Y le digo a él: “Mira como nos dejaron estos desgraciados”. Y él se queda callado”, sostuvo.

Cuando  salieron a una carretera, se dieron cuenta de que estaban cerca del aeropuerto y comenzaron a tratar de detener a los autos, hasta que se encontraron con una patrulla de Carabineros, que los trasladó a un consultorio y posteriormente son derivados a la urgencia de la Posta Central.

Quintana tenía el 65% de su cuerpo quemado y Rojas el 70%. Cuatro días después, el fotógrafo muere a causa de las quemaduras.

El caso generó una conmoción tanto en Chile como en el extranjero.  Según un reporte de Amnistía Internacional de 1991, sólo fue acusado Fernández Dittus en 1988 a 300 días de cárcel por no trasladar a las víctimas a un hospital. En 1994, la Corte Suprema lo condenó a 600 días de prisión como autor de cuasidelito de homicidio en el caso de Rojas y cuasidelito de lesiones graves respecto de Quintana. El dictamen se realizó tras una indagatoria dirigida por la justicia militar. 

Conscripto Guzmán 

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Fernando Tomás Guzmán Espíndola



El conscripto Fernando Guzmán fue uno de los subordinados que estaban presentes en el lugar de los hechos. Finalmente compareció ante el juez Mario Carroza el 14 de noviembre de 2014. 

La declaración del ex conscripto Fernando Tomás Guzmán Espíndola ante el juez Mario Carroza permitió la reapertura de la investigación del llamado "caso quemados", y que el magistrado dictara órdenes de detención contra siete militares en retiro.

Guzmán prestó testimonio judicial el 14 de noviembre de 2014 y en éste relató cómo desde la patrulla militar de la que él formaba parte vio el ataque en el que fueron quemados vivos, el 2 de julio de 1986, Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri.

“Él es el asesino: Julio Castañer”, señaló Guzmán.

Programa periodístico, 'En La Mira' de CHV.


Éstos son los fragmentos más destacados de la declaración judicial que puso fin a un "pacto de silencio" que duró casi 30 años e implicó a los militares en retiro Luis Zúñiga, Francisco Vásquez, Sergio Hernández, Julio Castañer, Iván Figueroa, Nelson Medina y Jorge Astengo:

  • "Lo primero que debo indicar es que todas las declaraciones dadas en la Segunda Fiscalía Militar son todas mentiras, porque me obligaron a aprenderme esas declaraciones".
  • "Me correspondió quedarme arriba del camión a cargo de la radio. Hago presente que la radio la podía utilizar en la espalda como mochila, por lo que me podía mover por todo el alrededor del camión, siendo un testigo presencial de cómo ocurrieron los hechos".
  • "Vi dos personas detenidas que estaban cerca de una muralla, el hombre tendido sobre el suelo y la mujer mirando hacia la pared".
  • "El teniente Castañer, quien vestía de civil, recuerdo que con una chaqueta negra,ordenó a un conscripto que vestía de forma militar, del cual desconozco su identidad, pero sí sé que era uno de los que andaban en el vehículo del teniente Fernández,rociarlos con combustible que estaba en un bidón. A la mujer la roció desde la cabeza a los pies y al hombre por la espalda ya que estaba de boca al suelo".
  • "El fuego lo inició el teniente Castañer con un encendedor. Ambos se prendieron inmediatamente".
  • "Ellos todavía humeaban y su piel estaba de un color blanquecino y tenían un aspecto como baboso, sin pelos".
  • "Llegando a un lugar cercano al aeropuerto bajaron a los detenidos del camiónsubiéndolos a la camioneta del teniente Fernández".
  • "Quince días después de los hechos fuimos trasladados hasta el Fuerte Arteaga en Colina, donde nos dieron instrucciones con respecto a lo que debíamos declarar. Nos indicaron que debíamos aprender unas declaraciones que ya estaban confeccionadas".
  • "Nos indicaron que cuando estuviéramos frente a ella (Carmen Quintana) teníamos que intimidarla con la mirada y si veíamos que alguno de nosotros estaba nervioso, uno de los extremos tenía que fingir un desmayo".
  • "Lo de la bomba BIC es totalmente mentira, ya que nunca fueron incautadas a Rodrigo Rojas. Fue un invento del Ejército para pode justificar dicho actuar".
  • "La idea fue que todos los soldados pidiéramos a la señora actuaria que acompañaba al juez militar corregir varias veces la declaración, de manera que ellos se cansaran y aburrieran y finalmente la declaración fuera sacada por aburrimiento".
  • "A cambio de nuestro silencio, la institución nos proveyó de permisos, de dinero, como una manera de continuar con esta mentira y mantenernos callados".

Illapu - Homenaje: Para seguir viviendo.

Redacción El Universal Chile

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