RESEÑA: Prontos, Listos, Ya ~ Inés Bortagaray

Opinión 17 de abril de 2019 Por
"El texto comienza con un temor compartido, los accidentes de carretera, hay que ponerse los cinturones, no hay que distraer al conductor, evitar todo aquello que dificulte sus maniobras".
Inés Bortagaray 1134

Llegó la Furia del Libro (en adelante simplemente “la Furia”) y una aquí, muy feminista, no ha hecho ninguna reseña sobre ninguna escritora en los meses que lleva colaborando para Voz Ciudadana. Un desastre, remediable, pero desastre al fin y al cabo.


Fue difícil escoger. Para una decisión fundada me metí al perfil de la Furia, busqué la lista de escritores internacionales que visitarán Santiago durante estos días, anoté sus nombres en mi libreta y me zambullí en los anaqueles de la Qué Leo. Encontré a la mayoría, hace mucho rato que debí hacerle un altar a Laurel y a Andrea Palet. Está bien, no altar, pero sí al menos ponerlos todos juntos, con la belleza de sus portadas y la variedad de sus temáticas, en un lugar destacable del local.

Empecé por Inés Bortagaray, una escritora uruguaya que además es guionista de películas, doble causa de curiosidad. Confieso que la pantalla grande no es mi fuerte, sin embargo, me llama la atención el lenguaje de aquellos que, aparte de describir, piensan en sus textos como un diálogo que después será montado en escena, como una especie de tiempo verbal inefable que solo poseen aquellos con pensamiento cinematográfico.  

El libro es corto, una familia que va de paseo y la hija del medio, son cuatro hijos, describe el camino. Poste, poste fantasma, poste fantasma, poste, vaca en blanco y negro, vaca en blanco y negro, vaca marrón. El texto comienza con un temor compartido, los accidentes de carretera, hay que ponerse los cinturones, no hay que distraer al conductor, evitar todo aquello que dificulte sus maniobras.

¿Llegaremos o chocaremos?

Si usted tiene síndrome vertiginoso es mejor que no lea “Pronto, listos, ya” mientras esté viajando. La narradora vomita en el auto, su madre sabe que vomita y le pasa una bolsa para cuando le venga el apuro, la bolsa se pierde, vomita el auto y la calle, se imagina el asco de la gente y vomita con más deseos. La niña no es tan niña, habla de su hermana mayor, de su hermana pequeña, de su hermano que ocupa un espacio indeterminado, también habla de novios con dientes encaramados, de besos, de colegio, de palabras nuevas que va aprendiendo y usando.

Este sábado iré a la Furia por primera vez, estoy casi tan entusiasmada como Galo Ghigliotto, veré a los escritores de mi lista, a los que más pueda, con mi pololo juntamos dinero para comprar muchos libros, a todas las editoriales. Llevaremos las mochilas vacías, queremos traerlas llenas.

De alguna forma, leer el libro de Inés Bortagaray fue elegir las expectativas de nuestro propio viaje, aunque para escapar del miedo y los mareos, iremos y volveremos en tren. 

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