[OPINIÓN] No queremos tu paz

Opinión 30 de noviembre de 2019 Por
"Aunque salte la sangre de nuestros cuerpos y pintes de sangre las construcciones, no volveremos atrás".
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Tu paz está construida sobre el fuego y la sangre, con balazos, gases tóxicos y silencio. Sembrando miedo, cosechas muertos. Bajo tu alfombra los cuerpos son envueltos sin reconocer, nosotros los nombramos, los reconocemos, nos quedamos con ellos; porque son nuestros, en plural, porque la impunidad esta vez no. Esta vez no. Esta vez no. Tu paz está despojada de un Nosotros, el tejido de nuestro discurso crece con los pasos, entre cantos, saltos, bailes, en el territorio, fuera, adentro, las calles son para la dignidad. Nosotros -a pesar del espanto- somos el mundo vivo. Lo vivo. Un pueblo, un país y Latinoamérica en carne viva. No volveremos atrás. No volveremos a la tibieza oscura de la venda en los ojos. No volveremos más a la mala educación para formarnos consumo. Despertamos, nos expandimos, aunque nuestros cuerpos neoliberales aún se polaricen. La guerra o la paz, el blanco y el negro, la guerra o la paz, construcciones rígidas, ideas preconcebidas de las que nos habían obligado a tomar bando, posición, prejuicio y ataque. La guerra es tu paz. La violencia es tu paz, omnipresente. El terror es tu abrazo zombi.

Tu paz es tu declaración de guerra que no has terminado, un concierto de idiotas pidiendo paz sin el pueblo. La paz de ustedes es seguir saqueando, especulándonos, negociándonos. Declaraciones en prensa, para nosotros no hay prensa, pero tocamos los bordes del mundo diciendo que tu paz es matarnos, violarnos y torturarnos. Somos las trincheras de los vecinos pobres que tienen que resistir violencia. Tu respuesta es declararnos la guerra nuevamente. Somos un pueblo poderoso e implacable, pero no el enemigo. Ya no volvemos atrás. Somos tu monstruo, no eL Monstruo.

Los encapuchados son reivindicados en su lucha en primera línea para protegernos de tu paz. Tus encapuchados tienen las armas, las bombas, los palos, nos arrinconan, nos quieren lanzar por un precipicio, se creen dueños de nuestros cuerpos, nos humillan, pero no nos quebrarán. Tu paz no sabe cuánto puede un pueblo unido. Somos la primera línea del futuro que deseamos, de lo que deseamos que nos retornen, la dignidad que han secuestrado privatizando nuestras vidas.

La tibieza, ese moho de la justicia en la medida de lo posible, ya no es nuestra. Yo no soy imparcial, la experiencia nos ha mostrado siempre el camino, pero íbamos ciegos y tuertos sin saberlo, por eso tus armas nos quitan los ojos, por eso la política estatal del terror nos apunta a los ojos. Quieren nuestros cuerpos, que regresemos a ese estado de ceguera, a ese lugar donde las generaciones crecimos en casas construidas de silencio y con una herida. Yo no soy amarilla, yo pongo la palabra antes que el cuerpo, y el cuerpo extraterritorial que dice Chile, aunque Los Andes y los antes me ensombrezcan todavía. La sombra es de todos. Es la sombra que reconocemos también al despertar, porque a pesar de tu represión monstruosa que nos devora, somos lo vivo y soberano.

No fui pobre, pero sí huérfana, la capa extra del abandono estatal. Pienso en tu paz y pienso si no te dará vergüenza decir que tienes hambre con esta glotonería de poder. Hay niños y niñas soldados del hambre en este país, pero tú no tienes boca para dar consuelo. Tu paz nunca conoció la pobreza ni las calles. Y aunque no conozcamos a los pobres, conocemos el egoísmo que está haciendo leyes para matarnos, y a los que los nombran como si alguna vez hubieran estado en esos pies descalzos. Al país que llegamos la perplejidad nos aferra a la vida y quizás ya sea tarde para morir, porque nosotros ya no morimos. Nosotros somos Historia. 

Estudié en colegios donde se predicaba la paz y mataban a las palomas, solo a las grises, no a las blancas, porque esas eran las de la paz, porque esas eran de un padre santo que vendría a darnos paz a Chile, y con una canción vino la paz, y a su ritmo mataban a las palomas grises. No hay enviado de dios. Y paz es una palabra fácil, liviana, vaciada de contenido, construida en blanco. Yo quiero y exijo justicia. Ese es el territorio que no ves, en el que avanzamos, aunque nos saques de las calles, aunque nos quieras puertas adentro y toques de queda, somos dignos. Aunque salte la sangre de nuestros cuerpos y pintes de sangre las construcciones, no volveremos atrás. Mi paz es la primera línea, su compromiso, el cuerpo y sudor de un Chile que nunca mirarás a los ojos; nosotros retribuimos desde nuestros oficios, ellos tienen la misma fe que nosotros, somos todo pueblo y todo cuerpo, y nos imaginamos juntos y antiguos. La paz no es blanca, es tuya y peligrosa, la paz no evoca ni se reclama desde el poder, solo para el poder. Y hacia el atardecer, después de mirarnos y amarnos, al regresar a nuestras casas, cuando la primera línea también se desvanece, pensamos en el anonimato amoroso en el que nos autoconvocamos, en el anónimo huacherío estatal, y en las calles aún, quiltros y quiltros esperan que volvamos a las calles.


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