#JusticiaParaNatalia: Carta abierta al Presidente Sebastian Piñera, de un padre de joven que perdió un ojo en manifestaciones

Opinión 04 de noviembre de 2019 Por
"¿Por qué? a una joven, con toda una vida por delante, noble, alegre, generosa, solidaria, buena"... dice parte de la carta que dejamos a su disposición.
Globo ocular 001 A0101
Por todos ellos... Justicia

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Carta abierta a Su Excelencia Sr. Sebastián Piñera Echeñique
Presidente de la República de Chile
PRESENTE


Señor Presidente:

Soy Ricardo Aravena González, Profesional, Ingeniero Civil Electricista de la Universidad de Chile, casado, con 4 hijos; me dirijo a usted en mi calidad de padre de Natalia Aravena Contreras, la menor de ellos, 24 años, Enfermera de la Pontificia Universidad Católica y trabajadora en su área desde hace 1 año; quien fuera víctima de la violenta represión ejercida contra manifestantes, en el marco de las protestas desatadas en Chile, desde el 18 de octubre recién pasado.

Le escribo Sr. Presidente desde la rabia, desde la profunda pena y la impotencia, pero con todo respeto, de un padre, una madre, una familia, una comunidad, que clama justicia. Le escribo en forma abierta porque considero que nuestra familia, amigos y todo Chile se deben enterar cómo se está manejando esta situación, con técnicas dictatoriales, que creíamos erradicadas y que ya eran parte del pasado, y dejando innumerables víctimas, entre ellas mi hija.

El día 28 de octubre mi hija se dirigía al centro de Santiago, a participar de una manifestación que se realizaría ese día a las 17:00 horas. Antes de llegar al lugar de encuentro, caminando por Alonso de Ovalle, apareció en dicha arteria un carro lanza agua, el que comenzó a atacar a la gente que se encontraba en el lugar y lanzar bombas lacrimógenas, sin mediar provocación alguna; es más, la gente levantó los brazos, para mostrar que no portaba armas, ni ningún tipo de objeto contundente y, a pesar de ello, el carro continuó avanzando y reprimiendo a la gente indefensa. Ante esto, la gente comenzó a correr y mi hija también lo hizo, al igual que muchas otras personas, que incluso no participaban de las protestas, así como una madre con su hijo pequeño, entre muchos otros. Mi hija, en su carrera, vio que había unos carabineros ocultos tras un Transantiago, y más allá se dio vuelta para mirar, cuando siente el sonido al percutir el arma, e inmediatamente un inmenso golpe de una bomba lacrimógena directamente en su ojo derecho. Su única reacción, ante el semi aturdimiento del golpe, fue llevarse su mano a su ojo, del que emanaba mucha sangre. Un técnico en Enfermería y otros jóvenes, de quienes estamos profundamente agradecidos, que se encontraban en el lugar, la rescataron, la introdujeron en un local, le dieron los primeros auxilios y consiguieron un automóvil para trasladarla a la Posta Central, donde le hicieron las primeras curaciones, exámenes y le diagnosticaron “estallido ocular”, lesión grave, que pronosticaba pérdida total de su ojo derecho. Con posterioridad, fue trasladada a la Clínica Indisa, donde confirmaron el diagnóstico, y fue operada el día siguiente, 29 de octubre, en la Clínica Luis Pasteur, y dada de alta el día 30 de octubre, para continuar con reposo absoluto en nuestra casa, a la espera de los siguientes pasos, para determinar si, con muy poca probabilidad, hubiere alguna posibilidad de recuperar la visión de su ojo, proceso en el que se encuentra al día de hoy.

Como mi hija lo asevera, ella no portaba ningún arma ni objeto de ninguna clase, sino sólo se dirigía con su voz, y en forma pacífica, para manifestar su descontento por una sociedad injusta y desigual. Mi hija no acudió a manifestarse para conseguir algún privilegio para ella, sino para que muchos otros chilenos puedan disfrutar de los semi-privilegios de los que ella ha disfrutado en su vida; porque le hemos podido “comprar” buena salud, “comprar” buena educación, “comprar” en general buena calidad de vida. Y destaco entre comillas la palabra “comprar”, porque en esta sociedad sólo quien tiene capacidad de compra es quien puede disfrutar de los beneficios que ella otorga, y de los que la gran mayoría de chilenos están exentos.

¿Por qué? Me pregunto Sr. Presidente, a una joven de 24 años, que se dirigía a manifestarse en forma pacífica, porque no alcanzó a llegar al lugar de la marcha, sin armas y sin otro objeto más que su voz ¿es atacada en forma cobarde y artera, por quienes tienen el deber de protegerla? ¿Por qué? a una joven, con toda una vida por delante, noble, alegre, generosa, solidaria, buena; que se hizo vegetariana sólo para proteger a quienes ella considera sus hermanos menores y desvalidos en esta sociedad consumista, como lo son los animales; que se preocupa por no utilizar productos que dañen el medioambiente o que testeen en animales; que se preocupa de reciclar deshechos, para legar un mejor planeta a nuestras futuras generaciones; que lucha (en forma pacífica) por los derechos de otros chilenos postergados en esta sociedad inicua; que estudió Enfermería para ayudar al prójimo; etc., etc. ¿se le ataca de esta forma y se le priva de la visión de uno de sus ojos? ¿No será Sr. Presidente, me vuelvo a preguntar, que esta actitud se debió a que usted declaró que estábamos en Guerra, y como tal mi hija y los otros manifestantes eran enemigos? En tal caso, sería usted el único responsable.

Afortunadamente mi hija tiene una fortaleza digna de imitar y admirar, y no le han podido quitar su sonrisa, ni su alegría, ni sus ganas de vivir, para seguir luchando por sus ideales, y se conforma con que a ella no la violaron, no le quitaron una extremidad, ni la mataron como a muchos otros; pero a sus padres, hermanos, cuñadas, sobrinas, su familia en general, sus muchos amigos, nos han dado un duro golpe, por lo que exigimos que se haga justicia. El actuar cobarde de agentes del Estado de Chile no puede ni debe quedar impune. Para el Gobierno y las estadísticas, el caso de mi hija es uno más entre muchos, pero para nosotros es un drama único, que nos acompañará por el resto de nuestras vidas. No creo que usted pueda siquiera imaginar el sufrimiento causado a todos nosotros, y principalmente a mi esposa y madre de Natalia, quien como madre, ha sufrido como nadie el daño causado a nuestra hija, nuestra pequeña y amada Natalia.

El General Director de Carabineros, justifica y apoya a sus carabineros, indicando que su actuar se ha ajustado a “protocolo”. Me pregunto ¿el protocolo autoriza a sus agentes a disparar bombas, balines u otros proyectiles directamente a las personas, a sus ojos, para dañarlas a propósito, o no debiera ser sólo de forma indirecta y disuasiva? Lo emplazo Sr. Presidente a exigir explicaciones al General Director de Carabineros, al Ministro del Interior y a toda autoridad competente a que respondan esta sencilla, clara y directa pregunta. A que respondan también cómo van a reparar el grave daño causado a una ciudadana que, a sus escasos 24 años, ya paga sus impuestos para que dichos agentes la protejan y no para que la ataquen, causándole una semi-invalidez permanente, la que ni con todo el dinero del mundo podrá ser revertida.

Espero Sr. Presidente, que en la calidez de su hogar esté todo en calma y no tenga que estar lamentando una lesión de esta u otra naturaleza a alguno de los suyos, como lo estamos sufriendo nosotros. Así también espero Sr. Presidente, una respuesta a la altura de las circunstancias y una reparación acorde con ello.

Atentamente,
Ricardo Aravena González
C.I. 9.477.451-9

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