OPINIÓN: Cuando voy a Santiago siempre hago la misma visita: La banca de Víctor Jara

Opinión 07 de abril de 2019 Por
"Me siento en esa banca -no sé si será la misma cuando el tiempo ya ha transcurrido, solo con mi imaginación me creo que sí es esa banca-, y pienso en todo lo que vivió Víctor, y todo lo que Chile ha vivido".
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Foto: Luis Poirot

Cuando voy a Santiago (Yo vivo acá en La Serena), siempre hago la misma visita. Camino por el Parque Forestal de Chile, llegando al Museo de Bellas Artes, no dejo de pensar en esta foto en la banca de la plaza.


Me siento en esa banca -no sé si será la misma cuando el tiempo ya ha transcurrido, solo con mi imaginación me creo que sí es esa banca-, y pienso en todo lo que vivió Víctor, y todo lo que Chile ha vivido. Pienso en todos esos besos que en aquella banca han concebido. Pienso en los vagabundos que duermen ahí. En los abuelos alimentando palomas. En las risas y llantos que la banca en que Víctor posó (para el lente de Luis Poirot), deja como mudo testigo.

Así es el Víctor de las cosas, el que se esparció por todos lados convirtiéndose en la fuerza de los actores, fortaleciendo el temple de Joan Jara, la humildad de su hija Amanda y el coraje de Manuela, también su hija. La puesta en escena de Quilapayún, la sensibilidad de Inti Illimani, el misticismo del Estadio Chile (hoy Víctor Jara) y el recuerdo inolvidable del sonido de su guitarra.

La historia no podemos olvidarla. El 11 de septiembre de 1973 Víctor Jara fue junto a otros músicos a cantar en la exposición contra el fascismo y la guerra civil que se inauguraba en la Universidad Técnica del Estado, cuando les sorprendió el Golpe de Estado. En esos momentos el periodista Sergio Gutiérrez le dijo a Víctor: “compañero, parece que llegó el momento de cambiar la guitarra por el fusil”. Él contestó: “no compañero, yo no sé disparar. La guitarra siempre sirve, aunque sea para animar a los combatientes”. Rodeados por el Ejército fueron arrestados y conducidos al Estadio Chile, dónde lo torturaron; en esos momentos empezó a escribir en pequeños papeles su último poema, que terminaría en el Estadio Nacional antes de que 44 balazos acabasen con su vida:

“Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad
somos cinco mil
¿cuántos seremos en total en las ciudades
y en todo el país?”

A 46 años del asesinato de nuestro cantor Víctor Jara, le doy las gracias a mi querido amigo, el fotógrafo Luis Poirot por dejarme usar esta imagen para varios de mis artículos.

A 46 años, sigo preguntándome por qué… ¿Por qué?

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