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Oscurantismo científico en tiempos de pandemia

"Hoy la información está al alcance de más personas que en cualquier otro momento en la historia y tenemos que saber darle un buen uso".

Opinión 17 de mayo de 2020 FELIX ANTONIN GÖRING
Cientificos Mundo -WA0011

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Para casi nadie debería ser novedad hoy la cantidad de fake news que abundan en las RRSS producto de bromistas inescrupulosos o de grupos políticos que buscan cualquier estrategia para intentar machacar a sus rivales, una práctica deleznable en todo sentido, ya que lo que se intenta masificar es una mentira, cuyo daño puede ir desde el desinformar a los lectores más incautos, hasta el linchamiento injusto de una persona. El alcance de esto es incalculable, pudiendo incluso en algunos casos ser fatal, siendo particularmente preocupante cuando se trata de noticias falsas sobre ciencia y que tocan temas tales como las formas más apropiadas de tratar una enfermedad o de prevenir un contagio, algo que es muy delicado, sobretodo en estos momentos en los cuales estamos enfrentando una emergencia sanitaria debido a la pandemia del SARS-CoV-2 y su enfermedad, el COVID-19.

Es sumamente válido el dudar y el cuestionar lo que se nos presenta, esto es algo que la ciencia tiene sumamente claro y que aplica constantemente, pues es clave para poder reflexionar en función del pensamiento crítico, aunque este no es suficiente si no se adquieren además los conocimientos necesarios como para poder lograr un mejor entendimiento de cómo funcionan las cosas y así luego poder compartir esa información de manera responsable y sensata, sin embargo también debemos tener sumo cuidado con las fuentes desde donde estamos obteniendo dicha información.

La ciudadanía tiene todo el derecho y hasta el deber de poner en duda a sus gobiernos y sus metodologías, porque siempre han existido casos en los que han manipulado datos o han actuado mal y tarde para cuidar ciertos intereses, aún en detrimento de la salud de la población, así como también hay que reconocer que existen registros en la historia de que se han presentado como prueba estudios científicos con datos alterados para favorecer a alguna empresa o la postura de un gobierno; sin embargo normalmente suele ser también un científico quien desmiente estos datos y termina desmoronando la farsa. Un ejemplo de ello es el caso del geoquímico Clair Cameron Patterson, quien logró, pese a la resistencia de las poderosas corporaciones petroleras con todo su arsenal de abogados y científicos pagados, conseguir que se eliminara el plomo de todos los productos que lo contenían, los que iban desde los combustibles y las pinturas, hasta la soldadura de las latas de las conservas que consumimos en el hogar, y desde luego no se trata del único ejemplo de ello. Es por ende importante fomentar una sana comprensión de que no todos los científicos del planeta danzan al ritmo de las corporaciones ni de los gobiernos, y es necesario eliminar esa mentalidad paranoide de que siempre buscan dañarnos, casi como si se tratara de una caricatura de horror nazi de la posguerra.

Recientemente circulaba un artículo que hablaba sobre una idea que creía sepultada desde hace mucho (al igual que la frenología o el terraplanismo, aunque ya sabemos que esta última lamentablemente ha cogido bastante fuerza durante estos años), y se trata de la “teoría negacionista de los gérmenes”. Esta teoría se cimienta es una discusión científica que data de hace más de un siglo, en la cual Antoine Béchamp señalaba a Louis Pasteur que los gérmenes no eran los causantes de las enfermedades infecciosas, contradiciendo la “teoría microbiana de la enfermedad” ya probada por Pasteur años antes, indicando que las células dañadas son las que propician la entrada de un patógeno y que no es el patógeno el que daña la célula. Como podemos ver, hasta cierto punto esta discusión sería sana, si no fuera porque ya ha sido sistemáticamente probado que quien tenía la razón era Louis Pasteur, pero los grupos anti-vacuna y los defensores más extremistas de la medicina alternativa la señalan y la cruzan con otros datos truculentos, sumado a que además estos últimos alegan que todo se trata de una táctica para vender medicamentos, omitiendo desde luego que la medicina alternativa es también un muy lucrativo negocio del cual ellos mismos sacan partido.

Todo lo anterior acusa la importancia de entender los límites de lo que es adecuado poner en duda, y si bien la ciencia acepta discusiones, estas terminan cuando se corrobora una hipótesis por medio de exhaustivos estudios y experimentación (el llamado método científico), y no es sensato el usar como referencia una teoría antigua y desacreditada, salvo que se tenga evidencia real y de peso como para considerar reabrir el debate.

Como apunté antes, es imperativo saber desde donde se obtiene la información, y me quiero detener en esto ya que es importante destacar, aunque para algunos suene obvio, que no todas las fuentes son confiables. Es bastante sencillo para alguien escribir algo a un blog o grabar un video diciendo lo que se le cante en gana y afirmar que se trata de la verdad (o la “verdad que no quieren que sepas”, como suelen recalcar los más sensacionalistas), pero se necesitan pruebas para poder afirmar algo así, y al menos las revistas científicas de mayor prestigio como “Science”, “Nature” o “Cell”, las exigen, y no sólo eso, además realizan sus propios análisis. Con esto no sostengo que nunca en la vida se hayan equivocado, pero al menos el filtro es bastante riguroso, y si aún, a pesar de todos esos esfuerzos puede existir un margen de error, imaginen lo altamente probable que esté errado alguien que ni siquiera corroboró sus datos, se basó en simple evidencia anecdótica y/o en la observación de un grupo demasiado reducido de sujetos de prueba.

Por otra es parte habitual encontrar en medios de prensa estudios en los que se citan respetables entidades, pero que si uno busca a fondo resultan ser sólo preprints, o sea, pre-estudios sobre un tema, que no han llegado a ser aún respaldados por la comunidad científica al no haber pasado aún por la revisión por pares, ni desde luego habiendo sido oficialmente publicados como un trabajo académico en una revista científica. Estos preprints son y serán muy habituales en estos tiempos, en donde gran parte de la maquinaria científica está esmerada en encontrar curas o vacunas para enfrentar la presente pandemia, pero hay que entender lo que implican y no creer erróneamente que son conclusivos. En base a esto es fundamental demandar la responsabilidad de los periodistas que trabajan en los diferentes medios para que jamás señalen que un estudio es conclusivo si sólo se trata de una hipótesis o de un pre-estudio, por más que provenga de una entidad prestigiosa, y que además se preocupen de contrastar la información que manejan para asegurarse bien de que no se trata de una noticia falsa.

Es cierto que en rigor no todos somos científicos ni tenemos por qué serlo, pero es fundamental que logremos cotidianizar la ciencia, ya que esta compete a todo lo que nos rodea, y así mismo es fundamental para poder entender o discutir sobre ciertos tópicos que contemos con conocimientos mínimos de lo que estamos hablando y nunca hacerlo desde la ignorancia, pues esto sólo provocará que nos entrampemos entre un montón mentiras y falacias. Ejemplo de ello son todos esos esfuerzos que recientemente realizaron ciertos grupos por defender la hipótesis de que el virus del SARS-CoV-2 había sido creado en un laboratorio, cuestionamiento que fue en efecto escuchado por la comunidad científica y que movilizó serios estudios al respecto provenientes de diferentes instituciones alrededor del mundo, para finalmente dar por descartada dicha hipótesis (existen estudios provenientes tanto de análisis del genoma como de análisis de la evolución del virus), pero aún así, hasta el día de hoy sigue habiendo gente que porfía con ello y asegura que se trata de una conspiración, promoviendo de esta forma que se pierda el foco de las verdaderas preocupaciones que debiese tener la humanidad en estos momentos.

Hoy la información está al alcance de más personas que en cualquier otro momento en la historia y tenemos que saber darle un buen uso, siendo sumamente responsables con lo que estamos compartiendo, ya que aunque muchos intentemos llevar a cabo la práctica de corroborar la información que encontramos, no todo el mundo posee o el hábito o la educación necesaria, y con ello al final, por más que nuestras intenciones sean buenas, podemos terminar haciendo más daño que bien.

FELIX ANTONIN GÖRING

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