Conecte con nosotros
1088032963_0_0_2937_1662_1920x0_80_0_0_b4855d2f28ec1a725d58650f17e47fe6

Opinión

Sandinista mistraliano: Las otras guerrilleras

José Luis Díaz 08a3eb32b04

Por @psicologocano – José Luis Diaz.

La comunidad homosexual, «cola/ travesti» estamos asociados a espacios de humor, prostitución, importante promiscuidad sexual, entre otros.

Se nos atribuye esa sensibilidad por lo estético que muchas veces cae en lo barroco, grotesco y exagerado.

Como la vida de locas, deshabitadas de sus historias que se refugian en Miami. Ratoneras de Chile que dueñas de su propia encuesta de realidad social se dividen Providencia, las Condes y Vitacura como títulos nobiliarios. Olvidando su acento floridiano, su rostro de pincoyeras, su porte de pudahuel, olvidaron el aroma a cloro de sus casas y ropas.

Lo peor de todo, a la loca arribista con residencia en ZARA se le nota, se siente su aroma a «fritanga». Siempre se le notará el colegio numerado, la falta de educación cívica, la guata de Mac Donald la delata.

Las mismas que en las tardes de un Toro fascistas se llenaban de jamón serrano y micheladas pagadas en cuotas, tarjetas comerciales llenas de varices por pagar la felicidad mediática.

Fuera de esa maqueta mediática que vende sueños se esconden las otras colas, las hijas de Gabriela, retoños de Pedro, homosexuales de clases transversales que luchan por encontrar justicia y equidad.

Hoy desde mi propia definición de sandinista mistraliano hablare de quienes me dieron la posta revolucionaria, muchas de aquellas que levantamos un lápiz, y sin miedo levantariamos nuestra voz y más si fuera necesario.
Levantamos la escritura dicidente, revolucionaria e incómoda, no dudamos en levantar la memoria y construirla mil veces si es necesario para no ser olvidadas.

Me acerco a Nicaragua, patria de todas las luchas, tierra empapada de sangre de libertad, mojada y regadas por lagrimas de mujeres, madres y hermanas viudas de la revolución.

Nicaragua llega a mi vida como niña coqueta, se sienta junto a mi en el bar y me invita a bailar.

De ella no conozco mucho, el cerco mediático me impedía ver su mirada revolucionaria y su deseo de ser vida, entre bailes y bailes comienza a narrar su historia.

La historia de la coqueta Nicaragua se detiene, una voz corta la música, un compañero me llama, es él hermano compañero, líder revolucionario, guerrillero incansable de causas vencidas y otras causas perdidas que logra rescatar y salvar, como los llantos del SIDA, que solo el supo silenciar y contener.

Disculpe señorita Nica, le digo a tan encantadora dama, a lo cual responde, no te preocupes hijo de mistral, pronto nos enamoramos. Suelto una carcajada y respondo; coqueta traviesa, soy maricon, homosexual, con las mujeres solo bailó, si tiene un hermano podemos hablar. Ella ríe, no te preocupes cochon mistraliano, el baile de la revolución no tiene género ni orientación sexual. Anda cochoncito que al hermano Compañero lo conozco desde mis entrañas, los rasguños de su cuerpo se los hice en mi selva.

Como un sueño mágico avance, al dar vuelta la coqueta Nica se sienta a reír en otra mesa.

Viste Compañero, que mujer más bella y coqueta, me llamo cochoncito mistraliano, habrá tenido algo con la Mistral. Compañero me dice; por esa mujer todo hombre da la vida, los deja locos, vienen de afuera a luchar por ella.

Luchar le digo, bueno, nosotros los homosexuales luchamos desde niños, desde pequeños se nos nota la alitas rota como decía la Pedro Lemebel, esa loca mistraliana, guerrera incansable de la lucha al fin del mundo, luchó contra la dictadura y contra su propia dictadura, esa que le decía como deben ser los hombres.

Le cuento a Compañero; Nosotros hemos estado en todas las revoluciones, en todas las recuperaciónes democráticas y no hay un monolito que nos recuerde por nuestra diferencia, toda revolución es un gesto de amor. Al parecer no solo somos sujetos de segunda categoría, nuestro amor también pesa menos. Somos como una joya de alpaca frente al oro heterosexual del macho amor.

Posiblemente algún día los pueblos cambien y podamos tener un espacio donde llorar a colas y cochones. Hijos de la misma revolución que defienden todos y todas.

No podemos conseguir la libertad si no logramos amar la memoria de la diferencia que se perdió luchando.
Hoy nuestro amor está en peligro, el avanzar imperialista nos ha obligado de replegarnos y volver a luchar, hablo de Latinoamérica.

Donde habita el fascismo hemos sido expulsados, somos los gitanos del amor, cruzando las fronteras para amar distinto.

Aparece la dama Nicaragua quien me susurra al oído, cochon mistraliano, cuenta a todos de la Silvia, esa guerrera que pari con Sandino, me toca el hombre y me baila suave, para retirarse coquetamente.

Le digo a Compañero; la señora Nicaragua me pidió hablar de la Silvia. Compañero suelta la carcajada y me dice, cuentalo vos que yo algún día contaré de esa mujer, Compañero me responde con un «vos» que no molesta, no es el serrucho «vos» del hermano del chorizo, de los hijos de Perón, me imagino una guerra por la libertad, solo pensar me da risa, le diría; trolo de Eva, te acompaño a luchar pero te adelantas con otro batallón. A estos cabrones le dimos la espalda una vez y nos quitaron la Patagonia, no entiendo porque lo hicieron si la patria grande es de todos.

Más allá de eso, no dejaría que el trolo de Eva luchara solo, trolo homosexual de la Eva de Perón, tampoco tienen ellos su lugar de llanto y fueron tantas guerras, tantos muerto y tanto silencio por años.

Silvia, cochona travesti de la lucha, hija de sandino, sobrina de Mistral, no se detiene en reír y alegrar, como tampoco se detendría en luchar, me cuenta su historia, su amor con el Compañero. En el fondo su amor a esos héroes que siguen con vida y luchando.

La dama Nica me mira coqueta desde el otro lado del salón, mientras Compañero, planifica algún trabajo de acción.

Antes de empezar la historia de Silvia, una pareja se detiene junto a la dama Nicaragua, las figuras entre las sombras no dejan ver sus rostros, solo se escuchan sus voces. Hablan con

la dama Nicaragua, como si firmarán frente a ella un pacto de alianza. Una complicidad que tendría por testigo la cordillera de los Andes y los volcanes centrales harían de garante frente al sello incorruptible de la promesa que se instala frente a la Dama Nica. La dama toma sus manos y otros comienzan a llegar, Honduras, Venezuela, Cuba, Guatemala hacen de esta fiesta un encuentro de flora y fauna real. Los títulos de tierra se ofrecían frente al jinete de la Patria grande. La dama Nicaragua se comprometía a cuidar la promesa, a la cual llamaría revolución.

Las voces toman formas y destinos, cada una cargaba una misión, una debía recorrer las Américas y consagrar su compromiso con el pacto. Los cuerpos ya visibles sorprendían a todos, dejando un hilo de silencio y solemnidad a ese detenido momento. La dama Nicaragua se levanta y levanta a sus improvisados invitados, Gabriela le dice a una, Sandino le dice al otro, recorran las Américas y envienme a sus hijos. El río parece ser el primer guerrillero que se encarga de envolver a la pequeña dama del centro.

Mientras Gabriela busca a sus hijos y Sandino se queda a velar sus sueños.

Silvia interrumpe y dice, hemos comenzado con la revolución de la paz y vida para nuestra señora.

Una vez comenta Silvia, fui madre, una vez y después mil veces fui madre, les decía a mis cochoncito vengan, la dictadura no le hace bien a los cuerpos que aman diferente, vengan no esperen sobre pies cansados. Si tenemos que comer frijoles, entonces eso hacemos, pero jamás nos vamos a devorar los sobrantes del imperio, que ni entre ellos se reconocen, pues solo huelen a mierda, lodo y basural.

Silvia continúa hablando, un grupo la llama y le pide la historia de la caimán, ella siempre dispuesta se despide.

Yo observo todo esto como sauce que contempla el más bello recuerdo.

Compañero, ha terminado su acción, y retomamos la conversación, como encantamiento de ayahuasca volvemos a ocupar los asientos del escritorio habitual.

Le vuelvo a decir, te imaginas si los colas de Mistral, los trolo de Eva y los cochones de Sandino, tuviéramos un lugar para llorar la historia.

Sabríamos que la memoria nos buscaría cada año, la procesión sería un gesto de revolución.
La revolución es la patria grande, donde no existirían guachos, ya que padre y madre se juntaran en una sola frase; dignidad vestida de revolución.

Ya serán nuestros hijos los que más pronto que tarde, armaran esa bella y tan anhelada revolución.
Si la patria es grande, nadie sobra y todos los que cayeron nos faltan.

En homenaje a la memoria de todos y todas que desde la diferencia sexual abrazaron la revolución.
Un beso a la Mistral.


 

José Luis Díaz.

 

Esta Nota fue Leída 3.193 views

Nuestras Redes Sociales

Lo Mas Popular

Facebook

Síguenos en Twitter


El Tiempo en Santiago de Chile.

logo-google-new
Para La Parte Superior