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Opinión

[OPINIÓN] El día de la bestia: El romanticismo de la muerte. Lucía, Lucía

Por psicologocano, José Luis Díaz.

16 de Diciembre, será recordado como el día del fin de la bestia. Yo no caigo en el romanticismo de que todo muerto es bueno. Esa burocracia religiosa y espiritual que pretende pasar por secretaria los crímenes cometidos por la perversa autoproclamada «primera dama». Y que de dama carecía.

Acostumbrada a las adulaciones de sus aquelarres de las mujeres de Cema Chile. La mayoría mujeres forzadas a rendirle honor, donde cada una era tratada según el rango del militar traidor, los banquetes para las esposas de oficiales y las tareas para las esposas de la tropa. La desclasada «primera dama» no quería dejar evidencia de su clase media emergente, donde la depósito Allende, para luego enfrentar la traición.

Llama la atención que todos los miedos de la derecha los encarna la misma mujer a la que hoy se pretende dar una cristiana sepultura.

Tan calculadora que no le permitió al demonio quemarla y prefirió partir con la tarea realizada.

Lucía, quien a través de su institución fantasma, expropió cuanto pudo, era dueña hasta de una plaza de armas en Chile, sumado a los cientos de inmuebles de los que se apoderó.

Lucía, la misma que soplaba al oído del títere timorato que tenía por esposo, el mismo que frente a una guerra llamó al Papa (Juan Pablo II) para que interceda, el mismo que fue aliado con la reina Isabel, colaboró con la masacre de los jóvenes argentinos. Nunca dejamos de ser colonia latinoamericana bajo las jinetas ensangrentadas del general.

Se recomienda que los jóvenes cadetes se enteren de este héroe que mataba a su pueblo a punta de balas y de hambre.

La bestia es mil veces bestia, su séquito de mujeres de pelo escarmenado fueron las primeras cómplices en la «venta» ilegal de niños y niñas al extranjero. Hijos de la patria, palabra que tanto les gusta pronunciar, hijos de la misma bandera a la cual le rinden homenaje. Hijos separados de sus madres a través del engaño y la cobardía.

Lucía, Lucía, llena de banquetes mientras el pueblo moría de hambre, miseria de vida que se aplacaba con los camiones tomados por el frente y repartido en las poblaciones, único recuerdo y sabor a pollo, o carne que tenía para no olvidar que eran humanos en dignidad.

Lucía, la misma mujer pretenciosa que vestía con el robo de las platas fiscales, en aquel tiempo nace la deuda histórica de los profesores. Lucia, era una bestia perversa que hasta ignorantes nos quería.

La primera dama, vestía de cachemira, mientras las lanas y las sandalias vestían al pueblo. Ni hablar de las damas multicolor que instaló en cada centro hospitalario, satélites de una dictadura sangrienta, encargadas de averiguar

cada información del hospitalizado para luego informar al traidor donde estaba el peligro. Bestia y cobarde, traidores del pueblo, disfrutaban sus tardes con las historias de miles de mujeres torturadas hasta morir.

Como no odiarla, si el odio es un sentimiento sano, tan puro como el amor. Odiarla es poco, borrar su nombre sería lo justo y para su fanaticada nostálgica, pueden estar seguros de que pasará a la historia como lo que fue, una miseria humana, el viejo pascuero de los 11 de septiembre que regalaba un par de pañales y una manta, para cubrir de inocencia su cobarde actuar.

Hoy la derecha le tiene miedo a la expropiación y le encienden velas a quien expropió terrenos, inmuebles, y niños.

La madre de Chile como le gustaba ser llamada, lo era a costo de hijos ajenos.

La empresaria, a costa de la apropiación de inmuebles y persecución.

Lucía, ninguna calle llevará tu nombre, salvo los apartados históricos de criminales.

La primera dama de la dictadura, hoy muere sola, con los criminales como cortejo. Te adelantaste a las llamas del infierno, pero no al limbo de tu alma.

Un reflexion patipelada, por uno de tantos que conoció su violencia.


 

José Luis Díaz.

 

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