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Opinión

Campañas del terror de la derecha: El miedo como práctica política en Chile

¿Qué hay detrás de las “campañas del terror” de la derecha de cara a las primarias presidenciales de julio próximo?

Tal como ocurrió en otros episodios de nuestra historia, las campañas del terror frente a los cambios sociales, se han hecho presentes nuevamente en estos últimos tiempos.

En esta ocasión el objetivo es persuadir a la ciudadanía sobre lo «desfavorable para el país», que se diera la opción de que el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, tenga la sola posibilidad de tomar el primer asiento en el principal sillón de La Moneda: como presidente de la República de Chile.

El profesor, historiador, editor, académico e investigador Rafael Sagredo Baez, quien se ha especializado en historia de Chile y América, historia de la ciencia y de la cultura, publicó un certero artículo en Ciper Chile, el cual explica el por qué la derecha chilena utiliza estas campañas del terror, para instalar el miedo como práctica política en nuestro país.

¿Qué tan efectivas son hoy éstas prácticas?

La pregunta que cabe acá, es que si la gente de verdad se creerán los cuentos de que ¿Vendrá el cuco y te comerá?; ¿Se comerán las guaguas?; Si Jadue llega a ser presidente Chile será una nueva Corea del Norte, como Kim Jong-un que cerró medios de comunicación y redes sociales, o también se comerán los perros y gatos. ¡Oh, wait!.

Ocurrió durante las campañas presidenciales de 1964 y de 1970 donde salió electo presidente constitucional Salvador Allende, así como también en el plebiscito de 1988, donde triunfó la opción del “NO”.

Como ejemplos más cercanos está el intenso despliegue comunicacional para hacer frente a las reformas impulsadas por el segundo gobierno de la ex presidenta Michelle Bachelet.

“Incertidumbre”, “pérdida de empleos”, “atentado a la libertad de enseñanza”, eran solo algunas de las frases que más se repetían, al mismo tiempo en que se discutían los proyectos en el Parlamento que, por lo demás, no dejaban conformes a las organizaciones sociales que reclamaban por la poca profundidad de los cambios.

En el artículo del citado medio, autor sostiene que examinando a quien usa el miedo como herramienta política y estudiando qué cosas atemorizan a los votantes, se entiende mejor a una sociedad.

Rafael Sagredo Baez revisa desde lo que los conservadores dijeron contra Arturo Alessandri en los años 20 (agitador de “los resentimientos sociales y del odio de clase”, simpatizante de la revolución rusa) a la campaña desplegada por la dictadura para convencer a los chilenos de que el NO era el caos, pasando por el tono polarizado con que se describió la elección de 1938: “evolución v/s revolución”, “orden v/s caos”, “libertad v/s violencia”, “libertad v/s totalitarismo”.

El autor nos recuerda que, en esa elección, donde triunfó Pedro Aguirre Cerda, la derecha planteó un momento de definiciones épicas “sin paralelo para el futuro democrático de Chile”, un discurso que ha repetido muchas veces y que se ha escuchado en el actual plebiscito, otra vez.

Así eran las campañas del terror del ayer.

La campaña del terror, la de Frei y de la derecha que entonces lo apoyó, se manifestó como una cruzada nacional, en pro de Chile, versus el candidato de la izquierda que obedecía los dictámenes del comunismo internacional; que se estaba vendiendo o entregando definitivamente a Cuba, China y la Unión Soviética.

La Guerra Fría jugó un papel determinante, se trataba de salvar a Chile del peligro comunista. A través de la prensa se desplegaron imágenes de fusilamientos en las que se preguntaba a los chilenos:

“¿Es el paredón el futuro que quieres para tu padre, tu hermano, tu amigo?”, acompañado de un mensaje muy dramático, casi épico: “¡Faltan 22 días!” Así se fue construyendo una imagen que pretendía provocar miedo a Allende y lo que éste supuestamente representaba.

Utilizando fondos internacionales proporcionados por agencias estadounidenses, se activó la sensibilidad anticomunista, creando una reacción emocional de temor a través de la prensa y de la radio. Se articuló un discurso en el que las representaciones potenciaban el miedo de la sociedad de masas, otro elemento fundamental en los sesenta, y que implicó utilizar técnicas de persuasión, como lo manifiestan los avisos que reproducimos.

Se aprovecharon y difundieron estereotipos asociados al comunismo, imágenes que generaban un efecto social de terror. Acompañadas o reforzadas con preguntas dramáticas, juicios categóricos y opciones drásticas.

Otros ejemplos: Cuando una imagen valen más que mil palabras.

Hoy el tema constitucional, como en otros momentos de la historia de Chile, fue el de la sucesión presidencial o el fin de la dictadura, no es más que una excusa para desatar una nueva campaña que, una vez más, refleja  el escepticismo de algunos respecto de las cualidades del sistema democrático y la escasa confianza en las instituciones republicanas.

Se trata de una forma de degradación del sistema político, entre otras razones, por fundarse en medias verdades, en mentiras y en la exacerbación de la polarización y las soluciones extremas. Es decir, todo lo contrario de la política que, con los disensos propios de toda democracia, debería promover la búsqueda de acuerdos y la convivencia pacífica como, la historia también lo muestra, ha sido una de las vocaciones más persistentes entre la ciudadanía nacional.

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